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claves para descubrir si tu hija (o) sufre anorexia o bulimia

El diario británico Sunday Times publicó parte de los hallazgos de un estudio realizado por la Universidad de Sussex: jugar con muñecas barbies podría ser la causa de trastornos alimenticios en las niñas. Según dicho informe, las rubias de juguete de cintura estrecha y ultra delgadas, han empezado a extender su ideal de belleza a niñas comprendidas entre cinco y ocho años.

Las pequeñas ya no están tan satisfechas con sus cuerpos, dice el estudio. Un dato alarmante, si tomamos en cuenta que las mujeres están suficientemente bombardeadas con imágenes y valores estéticos que moldean sus aspiraciones físicas, y que en más de una ocasión determinan trastornos como la anorexia y la bulimia.

Aunque quizá estos mensajes no sean el único punto de partida. Hay factores determinantes, como la herencia genética, los conflictos familiares, laborales y amorosos, los comentarios despectivos sobre la apariencia física de amigos y familiares, la obesidad, así como problemas de adicción, dice la nutricionista María Isabel de Destarac.

Cuándo se tiene

Según explica María Isabel, la voz de alarma tanto para la anorexia (dejar de comer) como para la bulimia (se provocan el vómito), pueden darla varios síntomas, entre ellos:

  • Dejan de comer de forma gradual (en especial los carbohidratos, pan, pasta, azúcar) o dejan de comer totalmente. Los cambios tardan en notarse.
  • Se fijan mucho en su apariencia (cuánto pesan, cómo les queda la ropa, comparan su imagen con la de sus amigas).
  • Se ven gordas, aunque hayan perdido mucho peso.
  • Comen, pero no aumentan de peso.
  • Pueden utilizar laxantes o provocarse el vómito.
  • Cambios de humor y de personalidad (hipersensibilidad a la crítica).

Debido a la falta de alimentación, no tienen energía, su rendimiento escolar es bajo, no pueden llevar una conversación, les cambia el color de la piel, en suma, son otras personas.

Aunque la mayoría de veces estos trastornos alimenticios se ubican entre los adolescentes, los adultos también pueden sufrirlos. De acuerdo con esta profesional consultada, situaciones clave como partos, divorcios, la muerte de un ser querido, etc., detonan el problema.

Empiezan con la idea de perder un poco de peso, siguen con la obsesión de vigilar todo lo que comen y terminan perdiendo el control, explica María Isabel. A su clínica han llegado pacientes, la mayoría chicas muy jóvenes, cuyas madres están desesperadas por el estado de salud de sus hijas. Y es que este trastorno, catalogado como una enfermedad que doblega sus mentes hasta dejarlas en los huesos, puede llevarlas al hospital.

El precio de no comer incluye, entre otros problemas, trastornos metabólicos de fluidos y electrólitos (sodio, potasio, magnesio, cinc), arritmias, estreñimiento, diarrea, anemia, alteraciones del sistema inmune, pérdida de masa muscular al grado que son visibles los huesos, y fallo de órganos como el hígado y el corazón.

La recuperación

De acuerdo con María Isabel, para que una persona se recupere hacen falta que se den varios factores, entre ellos, que reconozca su enfermedad para empezar cuanto antes una intervención, tanto nutricional como psicológica o psiquiátrica (cuando el cuadro así lo requiere); mejorar su medio ambiente, en el sentido de eliminar aquellos aspectos que las han afectado, como los comentarios negativos sobre la apariencia o la presión familiar.

Y aquí habría que detenerse un momento para evaluar si el resultado de la anorexia o bulimia que sufren las jóvenes, no es a consecuencia de las aspiraciones maternas porque sus hijas encajen en cierto modelo. Tuve un caso, explica María Isabel, de una paciente que ya presentaba un cuadro de anorexia y aun así, su madre insistía en que debía bajar unas libras más.

Otro punto a tomar en cuenta, es el apoyo familiar, porque sin éste, al igual que ocurre con las adicciones, sus posibilidades de mejorar o curarse, disminuyen. El proceso es lento, dice María Isabel, pero es posible una recuperación.

Lo que debes hacer…

  • Anímala con gentiliza a que coma.
  • Escúchala, trata de comunicarte con ella, ayúdala a que exprese lo que siente.
  • Comprende que la anorexia es un trastorno alimenticio que se nutre y crece conforme aumenta su miedo a engordar.
  • Busca ayuda profesional.
  • Evalúa si tu, como madre o padre, también requiere terapia.

Lo que no debes hacer…

  • No la fuerces para que coma.
  • No te enojes con ella ni la castigues. Evita el enfrentamiento.
  • No te impacientes.
  • No esperes una rápida recuperación.
  • No es la única que sufre esta enfermedad.

María Isabel de Destarac es licenciada en Nutrición por la Universidad del Valle de Guatemala. Se dedica a la práctica privada.

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